Los haitianos en Tijuana que lavan y sonríen ante la tragedia

Reportaje realizado por el periodista y director de Homozapping Jenaro Villamil en abril de 2017 durante su visita a Tijuana en el marco de la toma de protesta del Colegio de Comunicólogos de Baja California

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Ciudad de México | Jenaro Villamil | homozapping


Un refugio se localiza al fondo del Cañón del Alacrán. Al final de un sinuoso y lodoso camino de terracería está la iglesia Embajadores de Jesús. Ahí se mantienen actualmente 200 migrantes haitianos, con tres niños hermosos que juegan mientras sus madres y padres “lavan y lavan” porque a ellos les gusta lavar todo el tiempo: la ropa, los trastes, sus cabellos, sus cobijas, el suelo, las ventanas. El agua los purifica y los relaja.

Este recinto evangélico-pentecostal, enclavado en una de las zonas marginales de Tijuana, llegó a dar refugio a más de 600 haitianos, apenas en diciembre de 2016. Actualmente le da cobijo y comida a unos 200 que, con la ayuda de asociaciones civiles y la dirección del padre Gustavo Banda, han encontrado un refugio temporal en su larga travesía migratoria que se originó en Brasil.

La mayoría de los haitianos que llegaron a esta ciudad fronteriza, procedentes de Tapachula, Chiapas, se ha desplazado hacia California o tiene permisos temporales para trabajar en Tijuana o Mexicali. Constituyen una de las migraciones atípicas más importantes y masivas que se han dado en México en los últimos años.

Un terremoto devastador ocurrido en 2010, que dejó un saldo de casi 300 mil muertos en Haití, provocó la salida masiva de los habitantes de la isla caribeña. La mayoría se dirigió hacia Brasil. En 2014 este país les otorgó visas humanitarias y trabajaron en la construcción y remodelación de los estadios para le Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos del año pasado.

En septiembre de 2016 el huracán Matthew provocó otra fuga de los castigados habitantes de Haití, la sexta nación más pobre del planeta, con los más altos índices de hambre en el continente y con una esperanza de vida promedio de 62.7 años.

La Larga Travesía

La tragedia y la travesía los ha convertido en todo un fenómeno sociológico de resistencia, adaptación y alegría, a pesar de las adversidades.

Llegaron a México después de cruzar buena parte del territorio de Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Guatemala. De esta nación vecina entraron por Tapachula. Muchos dijeron que provenían del Congo, para evitar la discriminación que ha proliferado contra los haitianos.

Según describe Alejandro Noriega en su tesis de maestría El Nuevo Flujo Migratorio Haití-México-Estados Unidos la llegada de haitianos constituye todo un desafío porque se sobreponen a llamada “migración histórica” de los centroamericanos, no se hospedan en las cinco casas de migrantes de Tapachula y poseen recursos económicos del tiempo que trabajaron en Brasil para llegar a El Dorado que es California o permanecer en Tijuana, donde se desarrollan mejor que en el sureste mexicano.

Muchos llegaron a Tijuana en el vuelo pollero 821 de Volaris desde marzo de 2016. Esperan un oficio de asilo humanitario que tarda 45 días en ser resuelta. Los que pueden cruzan la frontera y la mayoría se queda en territorio mexicano.

“Lo novedoso de esta oleada de migrantes que arriban por miles a nuestro país, es que nunca habían llegado en tal cantidad y con la pretensión de cruzar hacia los Estados Unidos. Menos aún con la intención ahora de quedarse en México como refugiados”, subraya Noriega en su tesis de la Escuela Carlos Septién García, para la maestría de periodismo político.

Este fenómeno coincidió con el cambio de política migratoria del gobierno del ex presidente norteamericano Barak Obama que canceló programas como “Pies secos, pies mojados”, y el arribo del republicano Donald Trump que ha recrudecido las medidas de asilo y de acogida para migrantes latinoamericanos y del Caribe.

Noriega calcula que actualmente hay 7 mil haitianos “varados” en Tijuana y Mexicali, pero aún faltan unos 40 mil haitianos y africanos por llegar, según los cálculos de los especialistas.

De Lingüistas y Músicos

Desde la carretera que conduce al Cañón del Alacrán se observa a jóvenes haitianos reunirse para platicar, tomar un refresco, esperar a que alguien los contrate para la industria de la construcción, en un call center, en estéticas o en el comercio callejero de Tijuana.

Sus rostros morenos, su belleza física, su peculiar acento (la mayoría habla más de tres idiomas: créole, francés, español e inglés) los distingue y los resalta. Ellos son los nuevos habitantes de esta ciudad que históricamente ha sido un cruce cultural, binacional y estancia temporal. Conforman lo que algunos medios han bautizado como la Little Haití de Tijuana, diseminados en varios refugios e iglesias.

En la Iglesia Embajadores de Jesús han hecho su pequeño ecosistema de convivencia. Duermen en el ala central del edifico, en colchones donados a la iglesia. Y cantan. Cada miércoles y sábado ellos cantan y danzan con un ritmo espectacular que hace vibrar la zona.

Al principio, son recelosos para platicar, pero los más jóvenes quieren ser escuchados, contar su historia de larga travesía y su ilusión por ser maestros de idiomas. Tres de los haitianos con los que converso son lingüistas, como Christian, cuya hija Rosenil, se acerca a los visitantes para lucir su impecable peinado, sus grandes y curiosos ojos y dejarse fotografiar.

Samy es otro joven hospedado en la iglesia. Además de estilista, lingüista, informático y músico, quiere escribir su historia. Desde octubre de 2016 salió de Brasil, junto con un grupo de 20 personas. Recorrieron 8 países. El fue de los pocos que llegó hasta la frontera con Estados Unidos.

-Quiero contar cómo vi a una niña morir en la selva, cómo nos maltrataron en Nicaragua. Quiero hacer muchas cosas. Enfundado en su saco negro, pantalón rojo y sonrisa amplia, llama a su amigo Kenzen. El ya tiene novia en Tijuana. Quiere casarse y trabaja en un call center. Se siente parte de esta ciudad. Le gusta que tiene mar y pueden también trabajar en las pescaderías de Playas de Tijuana.

En la Iglesia Embajadores de Jesús se preparan para el arribo de más haitianos. Por lo pronto, viven 200 en este albergue. Durante los primeros 5 meses rentaban una pipa de agua para mantener a los refugiados. Ahora el ayuntamiento les puso una toma de agua potable.

Comen pollo y arroz, no puerco. Les gusta caminar. Pueden pasarse todo el día recorriendo calles o esperando a que los contraten.

En los próximos meses, los haitianos volverán a llegar a Tijuana o se quedarán en Mexicali. No les da miedo el fantasma de la xenofobia que ya comenzó a circular en redes sociales, a través de una organización llamada Frente Nacionalista Mexicano o Frenamex, cuyo líder visible es Juan Carlos López Lee.

Esa es otra historia.

Enlace tomado de homozapping: http://homozapping.com.mx/2017/04/los-haitianos-en-tijuana-que-lavan-y-sonrien-ante-la-tragedia/